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Dos monjas roban 500.000 dólares y se lo gastan en Las Vegas

dos monjas roban 500.000 dólares y se lo gastan en las vegas

Dos monjas roban 500.000 dólares y se lo gastan en Las Vegas. No es el argumento de ninguna película de Hollywood ni tampoco un chiste o una leyenda. Esta historia es auténtica y sucedió hace dos años en Estados Unidos.  Dos monjas fueron descubiertas tras robar medio millón de dólares en el colegio en el que trabajaban. Las hermanas Mary Margaret Kreuper y Lana Chang fueron pilladas con las manos en la masa y la cuenta bancaria abarrotada de dinero procedente de las cuotas de las matrículas y las donaciones de la escuela en la que trabajaban.

Ambas monjas llevaban tres décadas trabajando en la Escuela Católica de St. James en el estado de Los Ángeles. Y como a muchas otras personas tenían por afición los juegos de azar. Sin embargo, el dinero que se gastaban en Las Vegas no provenía de su esfuerzo y trabajo, sino el de las familias de su escuela. Obviamente, cuando los fieles y el personal de la Archidiócesis de Los Ángeles se percataron del desfalque no daban crédito ni podían creérselo.

Malversación de fondos para jugar en Las Vegas

Para sorpresa de los padres del colegio, la archidiócesi decidió no emprender acciones legales contra las hermanas. Así que la congregación ha decidido devolver de forma íntegra el medio millón de dólares que usurparon.

Las monjas fueron descubiertas tras una auditoria externa. Los auditores se percataron de que existía una cuenta a la que únicamente tenían acceso ambas hermanas. No hay mayor castigo que el divino. Para que no se vuelva a repetir una situación tan bochornosa, las monjas han sido enviadas a dos conventos diferentes. Tanto Kreuper como Chang están profundamente arrepentidas de su comportamiento.

La tentación y el vicio está al alcance de cualquiera. Jugar con responsabilidad es fundamental. En los últimos tiempos, algunas asociaciones han levantado la voz por la creciente demanda del juego en los más jóvenes. Sin embargo, la ludopatía no entiende de edad, de condición, ni de profesión. Como hemos comprobado tras conocer esta peculiar, simpática y decepcionante historia.